Ciencia en Chile: ¿Cuántas publicaciones hacen un buen científico?
2026-03-04 - 16:43
La manera en que se hace ciencia en Chile no es diferente a la del resto del mundo. Un grupo de investigadores se adjudica un fondo concursable, generalmente con una duración de 3 o 4 años, para llevar a cabo su proyecto. Durante este período realizan experimentos, analizan datos y preparan uno o varios artículos científicos. Estos manuscritos son enviados a revistas científicas internacionales para su publicación, donde son sometidos a un proceso de revisión por pares. Investigadores de áreas afines evalúan la calidad del trabajo y pueden sugerir la aceptación, modificación o rechazo de este. Al finalizar el proyecto, los investigadores deben postular nuevamente a fondos y el ciclo se repite. En un entorno cada vez más competitivo, las métricas se han convertido en herramientas claves para evaluar y comparar tanto a los investigadores como a los proyectos. Lee también... Lo que no controlamos: cuando el terreno decide Miércoles 04 Marzo, 2026 | 10:12 Entre las métricas más utilizadas se encuentran el número de publicaciones del investigador y el factor de impacto de las revistas donde se publican los artículos, a pesar de ser malos predictores del impacto del artículo o del futuro del investigador. Esta cuantificación de la calidad y el amor por el guarismo ha privilegiado la cantidad sobre la calidad, lo que ha llevado a los científicos a recurrir a prácticas que son, al menos, cuestionables. Esta dinámica desvirtúa el sistema de evaluación, transformándolo en uno donde se busca a toda costa aumentar los puntos adquiridos, en detrimento de la calidad y la integridad de la investigación, transformando a los investigadores en víctimas y victimarios para asegurar su financiamiento. A río revuelto Hace unos meses, el youtuber español Carles Tamayo publicó un artículo científico falso para demostrar lo fácil que es publicar en algunas revistas científicas. Tamayo inventó un estudio en el que afirmaba que el consumo de marihuana provocaba un aumento en la percepción del tamaño del pene. Este fenómeno, lejos de ser una novedad, evidencia la proliferación de revistas depredadoras, que han desarrollado un modelo de negocio centrado exclusivamente en el lucro, aprovechándose de la necesidad de los investigadores de publicar sus trabajos. Muchos investigadores eligen estas revistas precisamente por lo expedito del proceso, el que muchas veces es factible en desmedro de la calidad de la revisión por pares, ya que los artículos son aceptados de manera prácticamente indiscriminada, siempre y cuando se realice el pago de una tarifa. Muchas de estas revistas están incluidas en la lista de Beall, un recurso creado por el bibliotecólogo Jeffrey Beall que identifica y clasifica revistas que carecen de estándares académicos y éticos. Esto indica que los científicos suelen ser conscientes de la mala calidad de estas revistas o al menos de la sospecha de esta. MDPI es una de las editoriales acusadas de depredación más conocidas y un estudio reveló que la proporción de publicaciones chilenas en esta editorial ha aumentado del 1% al 13% entre el 2017 y el 2023. Dado el alto costo que los investigadores deben pagar para publicar en estas revistas, generalmente financiado con recursos estatales, se estima que los artículos de investigación publicados sólo por MDPI durante ese periodo le costaron al fisco cerca de 6.000 millones de pesos. Este aumento en las publicaciones en revistas depredadoras es una tendencia observada en diversas regiones del mundo, lo que ha derivado en la respuesta en países como República Checa, Noruega, Finlandia y China para limitar su abuso. Vamos arando Cada artículo científico cuenta con un autor principal y varios coautores. El autor principal es el responsable de la ejecución de la mayor parte del trabajo, mientras que los coautores han contribuido significativamente, aunque en menor medida. Estos roles determinan los puntos de los investigadores para postular a fondos concursables. A modo de ejemplo, en ciencias biológicas, el factor de impacto de la revista se multiplica por tres para el autor principal, mientras que para los coautores se utiliza el factor de impacto sin multiplicar. Con esto quiero decir que en una publicación en una revista con un factor de impacto de 3, el autor principal obtendría 9 puntos, mientras que cada coautor recibiría 3 puntos. Aunque este sistema puede parecer justo a primera vista, ya que reconoce el mayor esfuerzo del autor principal, en realidad esconde un incentivo para las colaboraciones fantasmas, ya que la fórmula no establece penalizaciones por el aumento del número de autores. Esto promueve la inclusión de coautores que no contribuyen significativamente al trabajo, lo que distorsiona la evaluación del rendimiento académico. Es un secreto a voces que muchos investigadores son incluidos como coautores en trabajos de investigación, a pesar de que su contribución real es mínima o incluso inexistente. Estudios han evidenciado que cerca de un tercio de los investigadores han concurrido u observado casos de mala conducta respecto a la autoría, usándola a menudo como moneda de cambio o por mera amistad. Además, los académicos suelen no estar sujetos a las mismas sanciones que enfrentarían sus estudiantes en el aula, ya que son también académicos o directivos de las universidades quienes investigan y/o fallan respecto a faltas a la ética. Un ejemplo revelador es el de un reconocido neurocientífico de la Universidad de Chile, quien fue acusado de manipular imágenes en varios de sus artículos. Tras un proceso de sumario, la Facultad de Medicina sólo impuso una sanción de dos meses de suspensión del cargo, con una remuneración del 70% de su sueldo. La culpa no es del chancho Los puntos obtenidos por las publicaciones duran 5 años, y luego expiran, por lo que no se refleja adecuadamente el impacto a largo plazo de los investigadores o sus trabajos. Esto genera una presión constante sobre los investigadores para publicar rápidamente con el fin de progresar en sus carreras. Ya que no basta con formar profesionales o investigar, sólo importan las métricas. Las publicaciones se han convertido en un objeto de deseo no solo para los investigadores, sino también para las universidades, que buscan satisfacer los requisitos de acreditación. De hecho, muchas instituciones han optado por ofrecer bonificaciones a los investigadores por cada publicación. Esta dinámica añade una nueva dimensión al fenómeno de las colaboraciones fantasmas, llegando a ejemplos grotescos, como es el caso de una investigadora de la Universidad de Tarapacá, quien recibió una remuneración mensual cercana a los 38 millones de pesos durante un período de ocho meses, gracias a los bonos acumulados por cada una de sus publicaciones. Esta presión por publicar, conocida como «publicar o perecer», podría seguir al alza debido al creciente número de doctores sin real inserción laboral fuera del mundo académico en Chile. No dejemos para mañana Peter Higgs, el físico británico que predijo la existencia del bosón de Higgs o conocida popularmente también como la partícula de Dios, comentó mientras se dirigía a recibir el Premio Nobel de Física 2013 que: «...Hoy no conseguiría una posición académica. Así de simple. No creo que me considerarían lo suficientemente productivo». La obsesión por métricas cuantitativas ha distorsionado el corazón de la investigación científica. En lugar de impulsar la creatividad y la formación de mejores profesionales, este enfoque ha generado una compulsión por satisfacer índices, resultando en ciencia de baja calidad, altas tasas de retractación y un sistema propenso a la manipulación. La creatividad, que alguna vez fue el motor de la investigación, ha sido reemplazada por la ciencia normal, basado en la rutina, la repetición de métodos probados y la validación de lo ya conocido. Lee también... Conocimiento e innovación sin límites de género: que más niñas sueñen con ser científicas Miércoles 11 Febrero, 2026 | 16:53 Sin embargo, hay ejemplos de instituciones en Europa y otros países que han adoptado enfoques alternativos, considerando no solo el número de publicaciones o simples puntajes de corte, sino también su impacto social y la real colaboración interdisciplinaria. Esta problemática es también una oportunidad para empoderar a las instituciones a desarrollar sus propios criterios de evaluación y fomentar cambios «de abajo hacia arriba» en pro de los investigadores y la responsabilidad fiscal del gasto. Alonso Carvajal Pascal Jorratt