Cristianos de la boca para afuera
2026-03-27 - 14:21
El pasado 18 de marzo, el recién asumido gobierno de Chile retiró su apoyo a una declaración del Grupo Núcleo LGBTQI+ de la Organización de Estados Americanos (OEA), precisamente cuando el propio gobierno reconocía en la misma sede que el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género son avances del país. En otras palabras, se ufana de lo ya conquistado, mientras evita defenderlo. No es prudencia y va más allá de un doble estándar, es cristianismo de la boca para afuera. Chile, uno de los países fundadores del grupo, optó esta vez por no suscribir la declaración, realizando en cambio una intervención “en capacidad nacional,” una fórmula diplomática que en la práctica significa abstenerse sin renunciar formalmente. La decisión fue denunciada públicamente por el exembajador ante la OEA, Tomás Pascual, quien alertó que el gobierno rompió una política mantenida sin excepción por todas las administraciones anteriores. Lee también... Planes, críticas de oposición y fisuras en su sector: las primeras semanas de Kast en La Moneda Lunes 23 Marzo, 2026 | 09:44 Y precisamente ahí está el punto que más incomoda: este no es un simple giro diplomático, sino una forma de moralismo selectivo. Porque cuando un gobierno dice que los derechos humanos son “universales, indivisibles e interdependientes,” pero se baja de una declaración por cálculo político, lo que revela no es una posición firme, sino una ética de domingo: fervorosa en el sermón, flexible en la práctica. Dicho en buen chileno: filosofía de cura gatica. Aquella que pregona la palabra, pero que sólo se aplica para los “verdaderos” hijos e hijas del Señor. Se reconoce que hay leyes que ya forman parte del paisaje democrático chileno, pero se les niega respaldo en el plano multilateral, como si los derechos sirvieran sólo mientras no incomoden. Defender esos avances cuando exigiría convicción, en cambio, es otra historia. Vale recordar que el propio Sr. Kast, durante sus 16 años como diputado (2002-2018), votó sistemáticamente en contra de cada avance en esta materia: rechazó la Ley Zamudio, el Acuerdo de Unión Civil y la Ley de Identidad de Género, llegando incluso a presentar una indicación para vaciar de contenido este último proyecto. Lo preocupante no es que un gobierno tenga matices, es que quiera sostener dos discursos incompatibles al mismo tiempo. Esto corrobora que algunos no creen en la humanidad de todas las personas. Así también se mide la credibilidad de una administración. Porque los derechos no valen por su conveniencia, sino por su universalidad. Si este gobierno cree que la igualdad es un avance, entonces debe sostenerla también cuando no le conviene. De lo contrario, no está defendiendo principios, sino administrando conveniencias. En política, cuando la moral se cambia de chaqueta, tarde o temprano se nota, y a nadie le gusta un hipócrita. Lo que hace aún más llamativo este retroceso es que Chile no era un participante pasivo en esta instancia: es uno de los países fundadores del Grupo Núcleo LGBTIQ+ en la OEA, creado en 2016. Incluso nuestro país presidió ese grupo durante la segunda administración del expresidente Sebastián Piñera, el mismo gobierno de centroderecha que terminó promulgando el matrimonio igualitario. Dicho de otro modo, no se trata de una tradición de izquierda que la derecha estaría desconociendo: es una política de Estado que sobrevivió a gobiernos de todos los colores y que este gobierno es el primero en romper en una década. A pesar de este tremendo desaire, conviene recordarle al gobierno del Sr. Kast la historia que siempre se repite: ningún grupo minoritario, y menos la comunidad LGBTQI+, ha conquistado derechos pidiendo permiso. Esos avances no nacen de la cortesía del poder, sino de la presión sostenida de a quienes se deja pateando piedras. La comunidad estaba aquí antes de su gobierno y seguirá después. Cada vez que una puerta se intente cerrar, todos saben que no se esperará a que la abran desde dentro: se empujará hasta que ceda. Usted, su gobierno, ni ningún partido político puede administrar la dignidad de las personas; son ellas las que la ejercen. Gonzalo Quintana Zunino Profesor asistente del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile