Escalada colonial en Cisjordania: terrorismo de colonos al amparo de la guerra regional
2026-03-21 - 20:51
Israel está aprovechando la guerra con Irán como un medio para desviar la atención geopolítica, mientras intensifica sus crímenes a un ritmo sin precedentes en todo el Territorio Palestino Ocupado. En este contexto, tanto Gaza como Cisjordania están siendo empujadas cada vez más hacia los márgenes de la atención internacional. En Cisjordania, Israel acelera la expansión de los asentamientos mediante la aprobación de nuevas unidades habitacionales para colonos, la asignación de más tierras, la adopción de medidas de planificación, así como la imposición de nuevas disposiciones legislativas y administrativas ilegales. Estas medidas profundizan el proyecto colonial de asentamientos, consolidan la anexión de facto y buscan normalizar el control permanente sobre el Territorio Palestino Ocupado. Asimismo, estas políticas pretenden desdibujar la línea divisoria entre una ocupación temporal y el ejercicio efectivo de soberanía, trasladando la cuestión desde el marco jurídico del derecho de la ocupación hacia lo que se presenta como una disputa bilateral sobre la tierra y la propiedad. De este modo, se oscurece la prohibición jurídica de la anexión y se debilita la protección que corresponde a la población palestina. Se trata de políticas que socavan directamente el derecho del pueblo palestino a la libre determinación, al fragmentar el territorio, debilitar las estructuras de gobernanza y destruir la integridad territorial necesaria para la existencia de un Estado palestino viable. Lee también... Fuerzas israelíes matan a familia palestina, incluyendo niños, que volvía de compras en Cisjordania Lunes 16 Marzo, 2026 | 11:09 Entre los instrumentos más destacados de esta política se encuentran los asentamientos y el terrorismo de los colonos en el Territorio Palestino Ocupado. El terrorismo de los colonos no se limita a agresiones físicas directas, sino que se manifiesta en un amplio abanico de ataques, entre ellos: daños a la propiedad mediante ataques contra viviendas y vehículos, sabotaje de sistemas de cámaras de vigilancia, además de actos sistemáticos de vandalismo e incendios provocados; agresiones físicas, como asesinatos, golpizas, uso de gas pimienta y lanzamiento de piedras; ataques contra el sector agrícola, a través del robo de tanques de agua y equipos agrícolas, la destrucción y el arranque de árboles, el pastoreo de ganado en tierras cultivadas, los daños a árboles e instalaciones agrícolas, así como el robo y la matanza de ganado; ataques contra los recursos hídricos, incluido el robo de tanques y la agresión a infraestructuras de agua, abarcando también instalaciones de agua, saneamiento e higiene; además de incitación, mediante grafitis racistas, escupitajos contra clérigos cristianos y profanación de lugares sagrados. Estas agresiones no se limitan a las personas o a la propiedad privada, sino que se extienden también a iglesias, sitios cristianos y bienes eclesiásticos en la Cisjordania ocupada. En la localidad de Taybeh, el único pueblo palestino íntegramente cristiano que queda en Cisjordania, líderes eclesiásticos acusaron a colonos de provocar incendios cerca del cementerio del pueblo y junto a una iglesia histórica que data del siglo V, además de intimidar a la población y atacar sus tierras y propiedades. El Patriarca Greco-Ortodoxo Teófilo III y el Patriarca Latino, cardenal Pierbattista Pizzaballa, condenaron estos ataques, señalando que no solo amenazan a la población cristiana palestina, sino que también atentan contra el patrimonio religioso y la presencia cristiana histórica en Tierra Santa. Durante los primeros diez días de la guerra, la organización Yesh Din informó, el 12 de marzo, de 109 ataques en 62 centros de población, lo que equivale a un promedio de 11 ataques diarios. Durante ese período, cinco palestinos fueron asesinados, de los cuales tres murieron a manos de agresores que vestían uniforme militar, en comparación con ocho casos de palestinos asesinados por colonos durante todo el año 2025, sin que ninguno de los perpetradores fuera detenido. Los actos de los colonos no pueden describirse simplemente como una forma de “violencia”; constituyen, más bien, un terrorismo organizado y amparado por el Estado, perpetrado por milicias de colonos y grupos armados que residen ilegalmente en Cisjordania. El terrorismo de los colonos actúa como un brazo operativo en el terreno de las autoridades de ocupación, impulsando las políticas israelíes de anexión en Cisjordania y constituyendo una extensión directa del proceso de limpieza étnica en ese territorio. Desde comienzos de 2026, más de 1.500 palestinos han sido desplazados por la fuerza, de los cuales 180 fueron desplazados forzosamente como resultado de ataques de colonos en Cisjordania. Asimismo, los colonos están armados con garrotes, palos y hondas, todo ello en función de un objetivo claro: intimidar a los palestinos, apoderarse de sus tierras y forzarlos a abandonarlas. Estos actos no pueden considerarse incidentes aislados ni mera “violencia” entre civiles. Se trata de una práctica organizada que opera en un entorno de protección, tolerancia e impunidad, y que cumple la función de brazo ejecutor de las políticas israelíes de anexión y expansión en Cisjordania. En consecuencia, lo que habitualmente se denomina “violencia de los colonos” no debe reducirse a una descripción penal limitada, sino entenderse como terrorismo organizado, ejercido por grupos de colonos armados que residen ilegalmente en la Cisjordania ocupada y que desempeñan una función política y operativa claramente definida: intimidar a la población palestina, confiscar sus tierras y forzar su desplazamiento. Lo que ocurre en Gaza y en Cisjordania no es un hecho aislado ni un exceso circunstancial, sino parte de una política sistemática destinada a consolidar un control permanente sobre la tierra palestina, socavar las bases del derecho del pueblo palestino a la libre determinación y hacer inviable la existencia de un Estado palestino soberano.