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Gobiernos de gestos: Chile necesita un gobierno de gestión

2026-03-23 - 17:40

En política los gestos importan. Comunican señales, construyen identidad y ayudan a marcar el tono de un liderazgo. Pero cuando los gestos reemplazan a la gestión, la política corre el riesgo de transformarse en una puesta en escena permanente. Chile ha vivido demasiado de eso en los últimos años. El gobierno saliente fue muchas veces caracterizado por una fuerte carga simbólica en su comunicación política. Desde el primer día buscó instalar una narrativa de cambio generacional y cultural que se expresó en múltiples señales: una estética distinta de la política tradicional, símbolos asociados a nuevos liderazgos y una permanente apelación a representar una forma diferente de ejercer el poder. Lee también... La auditoría y la calle Domingo 22 Marzo, 2026 | 07:30 Sin embargo, con el paso del tiempo esa narrativa comenzó a mostrar sus límites. Lo que inicialmente parecía una renovación de la política terminó siendo, para muchos ciudadanos, un ejercicio constante de comunicación simbólica. Mucha narrativa, símbolos y gestos identitarios, pero dificultades para transformar esas señales en gestión concreta. Las urgencias del país -seguridad, crecimiento, empleo, salud- no se resuelven con símbolos ni con relatos. Se resuelven con políticas públicas, decisiones oportunas y capacidad de gestión. Y en ese terreno, el contraste entre el discurso y los resultados fue una de las críticas más recurrentes al gobierno que ha concluido. Por eso muchos esperaban que el cambio político que vive el país significara también un cambio en el estilo de gobernar. Que después de un ciclo marcado por la política del símbolo, viniera una etapa más enfocada en la gestión. Pero los primeros pasos del nuevo gobierno parecen abrir una interrogante distinta. Curiosamente, el nuevo gobierno también ha iniciado su etapa con una fuerte narrativa simbólica, aunque de signo ideológico contrario. Si antes los gestos buscaban expresar cambio cultural, ahora buscan transmitir orden, autoridad y tradición institucional. Las discusiones públicas de estas semanas, la banda presidencial, los códigos de vestimenta, la estética del poder o las señales protocolares, reflejan precisamente eso: una política que vuelve a poner en el centro los símbolos. No se trata de desestimar la importancia de los rituales republicanos ni del respeto a las instituciones. Los símbolos del Estado tienen un valor histórico y cumplen una función en la cultura política de un país. Pero cuando las primeras señales de un gobierno se concentran excesivamente en esos gestos, surge una preocupación legítima. Porque el riesgo es evidente: una abundancia de señales simbólicas sobre identidad y orden, antes de mostrar un programa de gestión concreto. Chile enfrenta desafíos demasiado urgentes como para perder tiempo en disputas simbólicas. La inseguridad que golpea a los barrios, la desaceleración económica que afecta a miles de familias, la crisis del sistema de salud o las dificultades del Estado para responder con eficiencia requieren algo más que gestos. Requieren capacidad de gestión. Y es aquí donde aparece una reflexión más profunda sobre el momento político que vive el país. Chile parece oscilar entre gobiernos que comunican símbolos distintos, pero que comparten la misma lógica: gobernar a través de gestos. Unos levantan los símbolos del cambio cultural. Otros los del orden institucional. Unos apelan a la estética de la renovación generacional. Otros a la estética de la tradición republicana. Pero en ambos casos el debate termina desplazándose hacia el terreno de los gestos. Lee también... El arte de gobernar por decreto: del juramento presidencial a la acción Lunes 23 Marzo, 2026 | 12:25 Mientras tanto, la ciudadanía observa con creciente distancia una política que muchas veces parece más preocupada de los símbolos que de las soluciones. La política necesita símbolos, pero los países necesitan resultados. Los gestos pueden inspirar, pero no reemplazan las políticas públicas. Pueden marcar un tono, pero no sustituyen la capacidad de gobernar. Pueden construir relato, pero no resuelven los problemas cotidianos de las personas. Chile no necesita un gobierno de gestos progresistas ni un gobierno de gestos conservadores. Chile necesita, simplemente, un gobierno de gestión. Fernando Pérez Investigador de Pensar en Público

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