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La calle nuevamente: el despertar selectivo del movimiento estudiantil

2026-03-28 - 14:51

La alternancia en el poder es el oxígeno de cualquier democracia saludable. Sin embargo, en Chile parece haberse instalado una preocupante anomalía: un movimiento estudiantil que solo recupera la voz y la energía cuando el gobierno de turno no es de su signo ideológico. Tras cuatro años de un silencio sepulcral durante la administración de Gabriel Boric, bastaron solo días del gobierno de José Antonio Kast para que las consignas, las barricadas y el sabotaje al transporte público regresaran a las noticias. Lee también... Incidentes en Santiago ante manifestaciones estudiantiles contra el gobierno: hubo estaciones cerradas Jueves 26 Marzo, 2026 | 12:24 No estamos ante una explosión espontánea de demandas sociales, sino ante la reactivación de un mecanismo de desestabilización política. Durante el gobierno anterior, las carencias en educación básica, la crisis de los liceos emblemáticos y las alzas producidas en el transporte existieron, pero la calle permaneció “paralizada”. Hoy, esa tregua ideológica se ha roto, y la izquierda, incapaz de procesar su derrota en las urnas, mira con una simpatía cómplice —cuando no financia y organiza— el retorno del caos. Debemos ser honestos con nuestra historia reciente. En octubre de 2019, Chile enfrentó un intento insurreccional que puso en jaque nuestra institucionalidad. Lo que salvó al país de un marzo de 2020 que prometía ser terminal no fue la política, sino la pandemia. El COVID-19 actuó como un cortafuego inesperado. Hoy, el gobierno del presidente Kast no puede sentarse a esperar un evento externo que restaure el orden; tiene el mandato ético y legal de ejercer la autoridad desde el primer día. El daño que este movimiento estudiantil ha causado a la economía y al tejido social en democracia es incalculable. Bajo la bandera de la “gratuidad universal”, se privilegió el financiamiento de la educación superior por sobre la educación inicial. Es en los jardines infantiles y salas cuna donde realmente se “nivela la cancha”, pero esa prioridad fue sacrificada en el altar de las consignas universitarias, mucho más rentables políticamente para el Partido Comunista y el Frente Amplio. El resultado está a la vista: liceos emblemáticos en ruinas, caída estrepitosa en la calidad y un sistema de gratuidad que, según los datos, ha sido defraudado sistemáticamente. A esto se suma la hipocresía en torno al transporte público. Se incendiaron estaciones de metro por 30 pesos, pero se guardó silencio cuando por el costo real del sistema se reajustaron las tarifas, tarifas que ocultan subsidios estatales que pagamos todos los chilenos con nuestros impuestos. Los mismos estudiantes que hoy impiden el libre tránsito no son quienes tributan; es el trabajador que llega tarde a sus labores por culpa de intentos de “evasión masiva” que obligan a cerrar estaciones, quien termina financiando el vandalismo de una minoría. El derecho a la manifestación es muy importante, pero debe tener límites y normas claras. No puede existir un “chipe libre” para la destrucción. Toda convocatoria debe tener responsables civiles con nombre y apellido. Si se convoca a una marcha y se provocan daños a la infraestructura pública, los organizadores deben pagar. La libertad de manifestación no es una licencia para el vandalismo anónimo. Lee también... VIDEO | Vandalizan perímetro del monumento a Baquedano durante manifestación estudiantil Jueves 26 Marzo, 2026 | 15:00 Este vandalismo no solo destruyó y significó perdidas enormes en el afán que tuvieron de destruir nuestro país, utilizando la violencia, sino que tuvo su correlato cómplice en el parlamento aprobando leyes nocivas para el crecimiento y para destruir nuestro sistema previsional. El tono conciliador del presidente Kast es valorable, pero la conciliación no debe confundirse con debilidad. El orden público y el derecho al libre tránsito de los ciudadanos no son negociables. Chile no puede permitirse otro 2019; esta vez la respuesta debe ser la ley, la responsabilidad civil de quienes destruyen y la firme convicción de que las mayorías que quieren trabajar y estudiar no pueden seguir siendo rehenes de quienes solo respetan la democracia cuando ellos llevan el timón.

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