La primera dama y el poder de relevar lo invisible
2026-03-17 - 17:21
Durante las últimas semanas, la figura de la primera dama volvió a instalarse en el debate público. Desde el llamado “martes de pololeo” con el Presidente hasta gestos simples como servir comida en el casino de La Moneda, su presencia ha reactivado preguntas sobre las expectativas y funciones de su rol, una conversación que parecía cerrada desde que en 2022 se decidió desmantelar la estructura que sostenía el cargo. Más allá de sus atribuciones formales —que sin duda pueden y deben repensarse— el rol de primera dama ha sido históricamente un espacio desde el cual se han impulsado causas sociales relevantes. Lee también... Jueves de almuerzo: María Pía Adriasola llega al casino de La Moneda para servir comida a funcionarios Jueves 12 Marzo, 2026 | 13:42 Desde mediados del siglo XX, muchas primeras damas en Chile identificaron problemáticas que el Estado aún no había logrado visibilizar con suficiente fuerza como la infancia vulnerable, la pobreza, la formación de los jóvenes, la alimentación sana o el bienestar de las familias. De esas iniciativas nacieron programas y fundaciones que con el tiempo se transformaron en parte del entramado social del país. Si bien es posible argumentar que el Ministerio de Desarrollo Social concentra las ya mencionadas materias, la historia muestra que la oficina de la primera dama ha tenido una capacidad indiscutible para relevar, visibilizar y empujar aquellas urgencias que la contingencia suele dejar fuera del foco. En ese sentido, más que tronos en palacio, el rol de primera dama —en su envergadura histórica— ha sido un espacio de servicio y de levantamiento de causas sociales. Y en tiempos de la agonía del amor ágape -ese desinteresado e incondicional-, el simple acto de ponerse al servicio de otros parece haberse transformado, paradójicamente, en motivo de titulares y acusaciones. El problema de fondo es que muchas de estas críticas confunden el servicio con dependencia, condición que muchas veces se menosprecia. En una sociedad que exalta la autosuficiencia como ideal de realización, los vínculos familiares, comunitarios o de cuidado tienden a interpretarse como limitaciones de las que habría que emanciparse. Esa mirada empobrece nuestra comprensión de la vida social y política. La dependencia no es una anomalía que deba superarse, sino una condición constitutiva de la vida humana. Todos dependemos, en distintos momentos y de distintas maneras, de otros que nos cuidan, nos sostienen o hacen posible nuestras propias trayectorias. Ignorar esa realidad conduce a menospreciar formas de acción y de influencia que no buscan protagonismo ni reconocimiento público. No todo poder se ejerce desde cargos electos, ni toda influencia nace de la competencia individual. A veces el poder más fructífero es aquel que no compite por protagonismo, sino el que se pone al servicio de causas que otros no ven. Mirando hacia adelante, el desafío del rol probablemente no esté en reproducir esquemas del pasado, sino en encontrar una forma de ejercerlo con sentido en el presente. El propio Presidente ha señalado que se trata fundamentalmente de una función social. Quizás podría pensarse, más bien, como un espacio desde el cual acompañar la labor presidencial poniendo especial atención en aquellas causas donde la cercanía con las personas permite detectar necesidades que muchas veces quedan fuera del radar de la política partidista. Lee también... Mora a Manouchehri por crítica a Adriasola: ¿Cuántos oficios envió cuando murió gásfiter en La Moneda? Viernes 13 Marzo, 2026 | 09:11 Tal vez, entonces, la disyuntiva no sea simplemente decidir si la figura debe existir o no, sino cómo ejercerla de manera que aporte al país con propósito. El rol de primera dama —como ocurre en muchas democracias— puede y probablemente debe seguir evolucionando. Pero también merece ser comprendido en su dimensión histórica y cultural. Durante décadas fue una plataforma desde la cual se impulsaron causas sociales que marcaron la vida de miles de personas. En tiempos donde la autonomía se ha convertido en el único lenguaje legítimo del poder, quizá lo verdaderamente disruptivo sea, simplemente, ponerse al servicio de otros. Incluso en un gesto tan sencillo como servir un plato de comida. América Castillo Coordinadora de Vocación Pública de IdeaPaís