Las múltiples caras de Ucrania: un país tejido por muchas identidades
2026-03-04 - 19:24
Hablar de Ucrania como si se tratara de una realidad uniforme implica desconocer la historia misma de su territorio. Lejos de constituirse como un espacio homogéneo en términos culturales o étnicos, Ucrania es el resultado de siglos de desplazamientos, conquistas, convivencias y superposiciones políticas. Su diversidad no es una nota al pie ni una característica secundaria: es una de las claves para comprender su evolución histórica y sus desafíos contemporáneos. Ubicada en una zona de contacto entre Europa central, Europa oriental y el mundo euroasiático, Ucrania ha sido un territorio de frontera: geográfica, política y civilizatoria. Lee también... Europa se alista para dos años más de guerra en Ucrania con el temor sobre un ’Escudo Nuclear’ ruso Jueves 26 Febrero, 2026 | 10:08 A lo largo de los siglos, el Imperio ruso, el austrohúngaro, el otomano, el Kanato de Crimea y la Mancomunidad polaco-lituana dejaron su impronta en la organización social, la estructura agraria, la composición urbana y la vida cultural. En ese cruce de influencias se configuró un mosaico humano donde convivieron pueblos eslavos orientales con comunidades judías, armenias, griegas, tártaras, polacas, húngaras, rumanas, búlgaras, alemanas y muchas otras. El censo nacional de 2001 —el primero tras la independencia— ofrece una fotografía reveladora: el 22,2% de la población (aproximadamente 10,7 millones de personas) pertenecía a más de 130 minorías étnicas. Los rusos étnicos constituían el colectivo minoritario más numeroso (17,3%), concentrados principalmente en el este y el sur, pero también presentes en regiones occidentales y centrales. A su lado aparecían bielorrusos, moldavos, búlgaros, polacos, húngaros, rumanos, griegos, armenios, judíos, romaníes y, especialmente, los tártaros de Crimea. Detrás de esas cifras se esconden historias de larga duración. Las comunidades griegas del Mar Negro hunden sus raíces en antiguas colonizaciones; en Crimea, la presencia tártara remite al legado del Kanato anterior a la expansión rusa; en las ciudades del oeste, la vida cultural judía fue durante siglos motor de economía, educación e intelectualidad hasta ser devastada por el Holocausto; en Transcarpatia y Bucovina, las influencias húngara, rumana y moldava generaron espacios bilingües y mixtos. La diversidad no fue solo demográfica, sino también objeto de políticas estatales. Los imperios aplicaron lógicas distintas: el ruso combinó pragmatismo con procesos selectivos de rusificación; el austrohúngaro permitió, en ciertos períodos, mayor margen para expresiones culturales. Con la sovietización, la política de korenizatsiya (indigenización) de la década de 1920 prometió igualdad cultural, pero derivó en terror étnico, deportaciones masivas y “operaciones nacionales” que causaron la muerte o el desplazamiento de cientos de miles de polacos, alemanes y otros grupos. Un ejemplo claro que explican Palko y Korshuk es la región autónoma polaca de Marchlewsk (Dovbysh), que crearon en 1925 en Volinia. Allí instalaron soviets nacionales, 381 escuelas polacas, periódicos, editoriales y hasta el Primer Teatro Estatal Polaco en Kyiv, todo para formar “polacos rojos” leales al régimen. Sin embargo, en menos de diez años esas mismas comunidades sufrieron purgas masivas, deportaciones a Kazajistán y ejecuciones (solo entre 1937 y 1938 arrestaron a casi 140.000 polacos). Lo mismo pasó con los tártaros de Crimea, pueblo indígena que fue deportado en masa en 1944, regresó en los años 90 y, desde la ocupación rusa de 2014, enfrenta de nuevo persecución sistemática. Hay un aporte del artículo importante: la distinción entre “rusos étnicos” (17,3%) y “ucranianos de habla rusa” (más del 50% en la vida cotidiana). Esta diferenciación desarticula la narrativa propagandística que ha justificado la agresión rusa como una supuesta “defensa de la población rusófona”. La independencia de 1991 heredó toda esta complejidad. El nuevo Estado ucraniano tuvo que revertir décadas de rusificación sin caer en nacionalismos excluyentes, equilibrando la afirmación del ucraniano como idioma oficial con el respeto a los derechos culturales y lingüísticos de las minorías. En muchos casos, la pertenencia étnica no determina automáticamente la identidad política: hay ciudadanos que se identifican culturalmente con una tradición específica y, al mismo tiempo, se reconocen plenamente dentro del proyecto estatal ucraniano. La diversidad se entrecruza con factores religiosos (ortodoxos de distintas jurisdicciones, greco-católicos, católicos latinos, protestantes, judíos y musulmanes) y socioeconómicos, configurando perfiles regionales distintos que explican diferencias en comportamiento electoral y prioridades políticas. Reconocer esa complejidad no implica idealizar el pasado ni negar tensiones. Existieron conflictos, desigualdades y episodios de violencia, pero también redes de cooperación, intercambios culturales y experiencias comunes que forjaron un espacio social compartido. Palko y Korshuk adoptan una perspectiva prospectiva: la preservación de la diversidad étnica y cultural no es un elemento accesorio, sino una condición esencial para la viabilidad de un Estado ucraniano con identidad nacional civil y no étnica. Lee también... Ex Carabinero chileno se unió al ejército de Ucrania para la guerra: "Vi sufrimiento, niños muriendo" Lunes 02 Marzo, 2026 | 10:56 Proteger los derechos de las minorías actuales y salvaguardar los sitios históricos y memoriales de comunidades que han desaparecido de las estadísticas (judíos, alemanes, polacos nobles) resulta imperativo tanto ético como estratégico en el marco de la integración europea. La identidad ucraniana nunca ha sido singular: ha sido siempre plural y dinámica. Entenderla como parte estructural del país permite analizar con mayor rigor los desafíos del presente y recordar que la actual guerra no se dirime únicamente en el plano militar, sino también en los terrenos de la identidad, la historia y el sentido de pertenencia. Fuente y contexto editorial: Este artículo resume el capítulo “Las múltiples caras de Ucrania: la diversidad étnica ucraniana”, de Olena Palko y Roman Korshuk, incluido en el libro Descubriendo Ucrania: Su pueblo, su historia y su cultura (Editorial Poliedro, 2022), compilado y editado por Olena Palko y Manuel Férez Gil. Forma parte de una serie de publicaciones que recorrerán, capítulo a capítulo, los distintos aportes de la obra, con el objetivo de acercar sus contenidos a un público más amplio.