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Paola, Nicolás y Paula, Emilia, Roberto, María Elena y Daniel asumen nueva etapa de Teatro Ictus

2026-03-28 - 02:00

Por Leopoldo Pulgar Ibarra Ni experimental, ni tradicional cien por ciento, sino un ajustado equilibrio entre trayectorias, edades, temáticas clásicas y contemporáneas, público fidelizado y nuevas audiencias, teatro, música y entretención con sentido moverá este año la programación del Ictus, fundado en 1955 por Nissim Sharim (1932-2020). Sueños y realidad están en la base de las decisiones de un teatro que hace poco más de cinco años perdió a su cerebro y motor. Y que, desde 2015, está a cargo de Paula Sharim, actriz e hija de Nissim. Sin embargo, la responsabilidad respecto de esta apuesta programática no es solo de ella. Recae también en un grupo de artistas, convocados y unidos por la amistad y el trabajo escénico: el actor Nicolás Zárate y la directora y dramaturga Emilia Noguera. A ellos se agregan nombres destacados durante décadas en el Ictus: el actor Roberto Poblete y la actriz María Elena Duvauchelle, y artistas como Daniel Muñoz y Paula Zúñiga, integrantes de los elencos de las obras que se presentarán este año. Lee también... Detrás de las Máscaras: Con todo su poder, Palabra Hablada declama, canta, denuncia y ríe en escena Miércoles 25 Marzo, 2026 | 17:52 Para Nicolás Zárate, seis años en el Ictus post Nissim Sharim, ha sido valioso “pensar el teatro y su curatoría, y abrir un espacio para el público que ha sido muy fiel, como también a públicos jóvenes”. Y reitera un dato clave en este proceso: “Hemos trabajado en conjunción con la gente más grande del Ictus, los actores Roberto Poblete y María Elena Duvauchelle. Es un placer ser parte de esta compañía con gente de tanta sapiencia en lo actoral e intelectual, y que piensa el teatro como arte”. Cuenta que la curatoría tuvo dos grandes líneas: El análisis de obras externas y la creación o lectura de obras propias. “Somos parte de la creación de la compañía. La programación la definimos todos. La productora Sofía Oksenberg se encarga de pesquisar el material artístico externo”, agrega Nicolás Zárate. El Ictus planteó un teatro nuevo, pero ahora no pretenden repetir ese esquema. “No. Al principio tomamos obras clásicas del Ictus y las reactualizamos con una mirada contemporánea: “Primavera con una esquina rota”, “Pedro, Juan y Diego”. Ahora, hemos creado nuevas obras, algo que nos tiene muy contentos. Pero no como creación colectiva, el criterio que antes se tenía. La parte colectiva sigue existiendo, porque el teatro es un arte colectivo y porque trabajamos con una dramaturga. Abordamos en las obras el tema de la memoria, como una memoria activa y moldeable, para pensar el futuro y el presente” ¿Cuesta ser continuadores del Ictus original? “Es una responsabilidad y un placer, porque generamos una familia. Hay una relación de cariño, respeto, entendimiento intelectual, emocional y espiritual. Esto es más que pertenecer a una institución. Ya van 6 años y varias obras”. María Elena Duvauchelle en Caballo, Teatro Ictus, foto de Nathaly Arancibia La nueva Paula Zúñiga Paula Zúñiga, destacadísima actriz de las obras “Hilda Peña” (mayo) y de “Más allá de la flora del mar”, de Felipe Zambrano (septiembre), valora que un vínculo con el Ictus sea tener la misma fecha de nacimiento con Nissim Sharim, el 20 de julio. Pero la casualidad no es lo único. Dice que desde chica venía con sus papás a este teatro. Hay otro detalle que, tal vez, marca a fuego su cercanía con este universo escénico. “Cuando era una niña de 13 años, viví en 1985 la locura”. Tenía contacto con Javiera Parada, hija de José Manuel, degollado en marzo de ese año por agentes represivos de Carabineros. En realidad, dice Paula Zúñiga, “mi vínculo con el Ictus viene desde mi infancia”. A eso agrega lo que “significó el Ictus para la resistencia contra la dictadura” y para ella como actriz: ́Nissim vio nuestra versión de ́El señor Galíndez ́ y se enamoró de nosotros. imagínate, éramos todavía unos cabros...” Hoy siente el mismo respeto con el nuevo directorio. “Los respeto también en términos políticos, en un momento en que cuesta tanto la coherencia”. El Ictus, dice, “recoge la capacidad de transformar y reflexionar sobre los tiempos actuales, sin perder la identidad”. ¿Cómo ha cambiado la percepción de tu propio trabajo como actriz? “Ha cambiado mucho. Nací en una época en que se le enseñaba al intérprete el autoconocimiento. Después me puse a trabajar en mi cuerpo y en mi voz. Viajé y me formé en otras culturas. Volví y me metí en la de nuestro país, empecé a tener una conciencia política más activa. Siendo mamá y mirando al país y a los miedos que tenemos, he ido entendiendo por dónde tiene que ir mi energía como persona y artista: en el espacio social, en el discurso y en qué puedo aportar a los 53 años. “Investigo y uno ciencia, teatro, tiempo actual. Así nace un nuevo discurso, cómo conectar con la sociedad para que nuestro discurso pueda ser escuchado y tenga un espíritu de transformación y no sólo de provocación o reproche. “Es volver a conectar y reflexionar sobre cómo el teatro puede servir al país como el pivote que fue en su minuto. Y que el teatro sea un espacio para adelantarse a la época, que es la misión de un artista. Sin perder lo que heredamos y con sentido del humor”. Caballo, Teatro Ictus, foto de Nathaly Arancibia Paula Sharim Más allá del trabajo conjunto y la amistad al interior del grupo directivo que encabeza, la historia de Paula Sharim se entrelaza con la esencia del Ictus. ¿Ha sido difícil asumir el peso de darle continuidad a una compañía y al trabajo de tu papá? “Como tú lo dices, es un peso que sabía que iba a venir... No tuve otra opción. Estoy a cargo del teatro desde 2015. Creo que hay ciclos que se van cumpliendo, unos más felices que otros. Esta es una compañía de amigos y con un vínculo histórico con algunos. “Creo que la única manera para crear y mantener esta sala de teatro es trabajar con personas que piensen, estén y permanezcan juntos tras un mismo objetivo. Por eso la programación que lanzamos se vuelve importante para enfrentar lo que hoy se nos viene, cuando no sabemos qué va a pasar con los fondos culturales y cómo nos vamos a mover. “Pensamos que hay que reagruparse, conversar, estar juntos. Esto es lo que hemos privilegiado para este año. Y me tiene contenta. Me siento súper bien acompañada”. ¿Te pidió tu papá continuar con esta sala, alguna vez lo conversaron? “Nunca lo conversamos. Se fue tan rápidamente... Pero sentía que confiaba en que yo iba a seguir. Durante sus últimos cinco años me preguntó qué pasaba aquí... yo trataba de tranquilizarlo. Quería que la compañía y la sala que se echó al hombro solo durante tantos años no se terminara con él. Y, por cierto, esto ha sido una de las grandes razones por la que yo sigo acá”. Lee también... Crítica de Teatro: Obra "Los huesos" descubre las huellas musicales que esconden vida y muerte Sábado 21 Marzo, 2026 | 12:08 ¿Te has sentido débil en algún momento? “Por supuesto. Pero me he ido convenciendo que es un camino que tomo muy en serio, pero que no me lleva la vida. Soy distinta a mi papá... También tengo la humildad necesaria para saber que no tengo las mismas capacidades inmensas que él tenía. “Comparto el amor y la pasión que tuvo por el teatro y por el Ictus... pero en otro nivel. Yo alcancé a trabajar, no sé, casi 25 años con él, pero siempre me sentía súper tranquila porque sabía que él tenía toda la responsabilidad”. Veo que la programación 2026 tiene bases distintas a las anteriores... “La gestión a partir del 2015 fue bien interesante con un grupo de personas que trabajó aquí. Pero a mí no me tenía feliz. Aunque eran espacios abiertos e interesantes al teatro comunal y a las compañías emergentes. Me dije: si yo no puedo estar en lo creativo ni hacer florecer el Ictus en su espacio... no me interesa. “Surgieron algunas crisis y, después, la búsqueda y llegada de nuevas personas, lo que me devolvió la felicidad de poder hacer mi trabajo actoral. La gestión no me gusta”. Esta programación es equilibrada y busca un público más amplio. ¿Te parece a ti? “Absolutamente. Tenemos una programadora nueva que lleva un año trabajando acá. Creo que entendió lo que buscábamos: necesitamos un nuevo público y mantener a quienes son fieles a nosotros. La programación refleja distintas edades y realidades, gente del mundo televisivo y del cine o que se dedica solo al teatro, además de rostros conocidos y emblemáticos. Es muy hermoso e impresionante, por ejemplo, como la gente viene a ver a Eduardo Barril y Luz Jiménez en ́Historia de amor para un alma vieja’. “Y la gente se pasa de un espectáculo a otro, que era una expectativa que teníamos. Además, apostamos por temporadas de no sólo de un par de fines de semana y hacer funcionar la sala coexistiendo dos espectáculos, con música y otras cosas. Creo que eso es súper importante por razones económicas, pero también por razones estéticas, artísticas, y por una forma de vivir”.

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