Trump, Irán y armas nucleares: si funciona, no lo arregles
2026-03-24 - 16:21
Durante la campaña presidencial de 2016, Donald Trump prometió abandonar el acuerdo nuclear firmado con Irán en 2015. Lo calificó como desastroso porque otorgaba demasiadas garantías a un Estado que, a su juicio, patrocinaba el terrorismo. Como en otros ámbitos de su política exterior, Trump buscaba presentarse como el líder dispuesto a corregir los supuestos errores y debilidades de la administración Obama. Su lectura de Medio Oriente no fue tanto un diagnóstico empírico contundente como una justificación ideológica para replantear la política exterior estadounidense. Según Trump, los fracasos de la política exterior habían dejado una región más inestable y caótica que nunca. A su entender, la peligrosa idea de intentar transformar en democracias occidentales a países que no compartían esos valores había contribuido al surgimiento del Estado Islámico y al fortalecimiento de Irán como potencia regional. Trump sostenía que Obama y Hillary Clinton no habían sido capaces de reconocer que Estados Unidos estaba enfrentando al islam radical. Esa supuesta debilidad, según su discurso, habría quedado expuesta tras el ataque contra el consulado estadounidense en Bengasi, donde murieron el embajador Christopher Stevens y tres ciudadanos estadounidenses. Lee también... Trump ahora propone "control conjunto" de Ormuz con el Ayatolá de Irán, pese a no reconocer al régimen Martes 24 Marzo, 2026 | 11:36 El acuerdo nuclear con Irán se transformó así en uno de los principales símbolos de esa supuesta debilidad. Trump afirmaba que Obama había tratado a Irán con “amor” y “ternura”, permitiéndole convertirse en una potencia regional a expensas de la seguridad de los aliados de Estados Unidos y, especialmente, amenazando la existencia misma de Israel. También sostenía que Irán estaba violando el acuerdo incluso “antes de que se secara la tinta”, por lo que anunció que estaba dispuesto a retirarse del pacto y aseguró que su administración nunca permitiría que Irán accediera a armas nucleares. Más que reflejar un fracaso del acuerdo, la interpretación de Trump formó parte de una narrativa política que presentaba el pacto como una concesión excesiva. En la práctica, las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica mostraban que Irán estaba cumpliendo con las obligaciones establecidas. Los inspectores verificaron que el reactor de agua pesada de Arak no había sido reactivado, que las reservas de agua pesada se mantenían dentro de los límites fijados y que el enriquecimiento de uranio permanecía bajo control. El pacto funcionaba precisamente porque Irán se había comprometido a respetarlo. La evidencia más clara era que el país no había enriquecido uranio por sobre el límite permitido. Mientras el acuerdo estuvo vigente, el programa nuclear iraní permaneció restringido y sujeto a inspecciones internacionales. A pesar de ello, Trump decidió abandonar el acuerdo e imponer nuevas sanciones económicas con el objetivo de presionar a Irán para negociar un nuevo pacto. Mientras Estados Unidos se retiraba, los demás firmantes anunciaron su voluntad de mantener el acuerdo vigente. La primera consecuencia de esta decisión fue inmediata. Muerto el acuerdo, desaparecieron también los incentivos para que Irán continuara respetando sus límites. Poco tiempo después, el país comenzó a incrementar sus reservas de uranio enriquecido y a expandir sus capacidades nucleares, alejándose progresivamente de las restricciones que había aceptado bajo el acuerdo original. La ruptura del pacto introdujo además un elemento de incertidumbre estratégica en la región. Cuando un acuerdo internacional es abandonado por una de las partes, la previsibilidad desaparece. En ese contexto, los Estados tienden a prepararse para escenarios más adversos. No debe sorprendernos, por lo tanto, el hecho de que Irán haya reforzado sus capacidades estratégicas frente a la posibilidad de futuras agresiones. Lee también... Irán difunde imagen de un misil, para atacar a Israel, con retrato de Pedro Sánchez Lunes 23 Marzo, 2026 | 21:00 Desde esta perspectiva, la actual confrontación entre Estados Unidos, Israel e Irán no puede entenderse únicamente como el resultado de tensiones recientes. También es consecuencia de decisiones tomadas años atrás. La ruptura del acuerdo nuclear eliminó uno de los pocos mecanismos que limitaban el programa nuclear iraní y que, al mismo tiempo, ofrecían un marco de previsibilidad estratégica para todas las partes. El problema de fondo es bastante simple. En relaciones internacionales existe un principio básico: pacta sunt servanda. Los acuerdos deben cumplirse. Cuando un acuerdo funciona, romperlo introduce inestabilidad, debilita la credibilidad de los compromisos internacionales y empuja a los adversarios a prepararse para lo peor. Si el plan de Trump era evitar que Irán avanzara hacia la obtención de armas nucleares, la lección parece evidente: si funciona, no lo arregles. Esteban Vergara Secretario Ejecutivo del Foro Valparaíso. Profesor de la Escuela de Periodismo, PUCV.