Un gobierno que se va como llegó, pero con más plata
2026-03-09 - 17:44
Prometieron cambiarlo todo. Convertir a Chile en la tumba del neoliberalismo, refundar Carabineros y reemplazar completamente nuestro marco institucional. Pero esas promesas terminaron chocando con un muro llamado sensatez. Ese muro lo levantó la ciudadanía con un contundente 62% que dijo claramente que no a cambiarlo todo. Con ello, el presidente saliente, Gabriel Boric, pasó de querer orinar en un casco militar a convertirse en alguacil de Carabineros. Por eso este gobierno se va como llegó: con una Constitución que debemos cuidar y que sigue siendo el sostén de nuestra democracia. Pero para ellos el recorrido no fue en vano. Fuimos testigos de cómo el ímpetu por superar la desigualdad —de la que tanto se quejaban antes de alcanzar el poder— comenzó, como era de esperarse, por casa. Lee también... Boric/Kast: una semana de números rojos Lunes 09 Marzo, 2026 | 10:52 Pasaron de organizar marchas y completadas a administrar el patrimonio público, tal como lo reconoció con orgullo un diputado y hoy senador del Frente Amplio, con una sonrisa de oreja a oreja, reflejando una forma de entender el poder que terminó traduciéndose en una cuestionable administración del erario fiscal. En ese recorrido, tal como lo señaló la ministra de Cultura Carolina Arredondo, lo que supuestamente hicieron fue “descentralizar” el presupuesto, que en su ministerio previamente se había “duplicado”. Como si el patrimonio público pudiera multiplicarse milagrosamente, tal como en el pasaje bíblico en que Jesucristo multiplicó los panes y los peces. Pero aquí no hay milagros: hay sacrificio. Y ese sacrificio lo terminó pagando la ciudadanía con sus impuestos. Porque si algo quedó claro en estos años es que la verdadera solidaridad no es la que impone el Estado, sino aquella que nace libre y voluntariamente de cada persona para ayudar a otros. La que impone el Estado tiene otro nombre: impuestos. Así ocurrió con el llamado “impuesto al trabajo”, que bajo un eslogan de solidaridad terminó afectando directamente las remuneraciones de los trabajadores. Porque la solidaridad con el dinero ajeno siempre resulta fácil, sobre todo cuando se trata de recursos que quienes gobiernan no generan, sino que simplemente administran y gastan. Vimos también este tipo de “descentralización” cuando remesas de dinero público fueron a parar a pensiones de gracia otorgadas a integrantes de la llamada primera línea; cuando “descentralizaron” el patrimonio de CORFO, dejándolo incluso con patrimonio negativo; o cuando “descentralizaron” recursos públicos entregándolos a Fundación ProCultura, Fundación Democracia Viva y otras fundaciones creadas por ellos mismos. Así, de manera simple: primero multiplicando el presupuesto público y luego “descentralizándolo”, pero siempre a costa de la deuda pública. Una deuda que tarde o temprano alguien tendrá que pagar, y que no serán quienes hoy se van, sino nosotros: los ciudadanos. A ello se sumó la llegada de personas sin experiencia alguna a cargos de jefatura o dirección de servicios públicos, como ocurrió con la nominación —contra la ley— de algunos seremis de Seguridad, además de los costosos bonos PMG que recibieron como premio al supuesto cumplimiento de metas, pese a las serias dudas constitucionales sobre su procedencia. Todo ello en un gobierno que llegó al poder en medio de la violencia que sacudía nuestras calles, con un mandatario que el día que asumió hizo muecas e incluso una voltereta burlesca a espaldas del expresidente Sebastián Piñera (Q.E.P.D.), prometiendo ante todo Chile cumplir y hacer cumplir una Constitución que ni siquiera había leído, como él mismo reconoció posteriormente a propósito de la fallida compra de la casa del expresidente Salvador Allende. Ni siquiera el final del mandato estuvo exento de controversias. Una tradición republicana tan relevante como la entrega de información en el cambio de mando terminó transformándose en un episodio de versiones contradictorias, con al menos tres relatos distintos sobre la aprobación del llamado “cable chino”. Y cuando el tema salió a la luz pública, apareció —casi mágicamente— un decreto que habría anulado semanas antes la aprobación inicial, lo que volvió a dañar la confianza en la fe pública, ya bastante deteriorada durante estos cuatro años. Lee también... Encuesta Cadem: Boric termina su gobierno con 37% de aprobación y un 58% de desaprobación Domingo 08 Marzo, 2026 | 20:50 Finalmente, se van como llegaron, pero con más plata. O al menos eso parece cuando observamos —aunque sea superficialmente— el destino de tres de las principales figuras del movimiento estudiantil: uno viviendo en Barcelona —partiendo con un alto de maletas desde el aeropuerto—; otra apareciendo en la portada de la prestigiosa revista Velvet; y el tercero, que fue el jefe de ambos, adquiriendo una casona histórica en la comuna de San Miguel, actualmente en plena remodelación. Así, los colectivos identitarios de la izquierda, silenciosos mientras gobernaban, volverán a las calles, porque “la lucha” no es por las ideas, sino por el poder; mientras que quienes prometieron terminar con los privilegios del Estado, hoy se van disfrutando de ellos.