Una alternancia que tendrá los pies de plomo
2026-03-16 - 12:54
Una nueva alternancia en el poder tuvo lugar la semana pasada. Desde el advenimiento de la democracia, es la tercera de este tipo y, seguramente, la más significativa. José Kast ha asumido la función presidencial con un programa de gobierno de “emergencia”, cuyo propósito sería sanear un país deteriorado y en crisis. La alternancia de un gobierno por otro de distinto color político, es consecuencia del voto popular que sanciona a una coalición para instalar una opción alternativa; ya sea porque se consideró que el gobierno anterior administró mal el país, o porque las esperanzas cifradas en él resultaron frustradas. En democracia, la insatisfacción ciudadana se canaliza a través del castigo en las urnas al saliente, abriendo paso a las propuestas del entrante. Lee también... El papelito y el papelón Domingo 15 Marzo, 2026 | 08:00 Sin embargo, habría que subrayar que, quien asume, no cuenta con el voto de adhesión de todos los que lo eligieron, ya que, en muchos casos —y deberá tenerse presente— se le elige para evitar un mal mayor; en otras palabras, por descarte. Así sucedió también con Gabriel Boric, sin haberlo este comprendido a cabalidad, lo que lo llevó a cometer sendos errores y a dejar como herencia una cruel desesperanza en una parte de sus propios seguidores, junto con entregar piocha de O’Higgins y banda tricolor a su más acérrimo adversario. Paradojas de un legado de pocos contrastes, repleto de opacidades. Nada hay entonces de dramático ni de excepcional en la esencia de esta alternancia que comienza. Países como Inglaterra, Alemania, España, Portugal...donde predominan sistemas parlamentarios, o incluso en aquellos de corte presidencial, como en los Estados Unidos, Uruguay, Brasil... o en híbridos, como en Francia, estas prácticas de alternancia entre sectores adversos están normalizadas. Chile no es una excepción, y el espíritu del comienzo de ciclo debiera ser únicamente el respeto republicano, como sucedió durante el cambio de mando. Quien sale, lo hace dignamente; quien llega, lo hace de igual manera. Pocos son los países que exhiben prácticas tan notables, solemnes y honorables. Lo específico de esta alternancia La normalidad del proceso no debiera ocultarnos, sin embargo, algunas diferencias notables entre la actual alternancia y las anteriores. Sebastián Piñera, un político de derecha liberal y de convicciones democráticas, disponía de credenciales de opositor a la dictadura, antes de ser presidente. Jamás se mostró nostálgico del legado pinochetista ni lo consideró como referencia alguna. Quienes, dentro de su coalición provenían de huestes autoritarias, supieron apartarse de sus convicciones o, simplemente callarlas en público. Las posiciones más conservadoras fueron así marginalizadas y, en lo implementado por sus dos gobiernos, fueron más bien los matices los que lo diferenciaron de aquellos de la Concertación. Baste recordar que leyes como el matrimonio igualitario o el aborto en tres causales fueron aprobadas durante esos períodos, a veces en contradicción con su propio sector. Alternancia, entonces, las de Piñera, pero con continuidad en lo básico y un pacto social que —aunque a mal traer— permaneció, al menos, durante su primer gobierno. A José Kast se le conoce lo suficiente. Su ya larga trayectoria, personalidad, valores conservadores, poca actividad parlamentaria, y sus reiterados silencios, forman parte de su relicario “tradicionalista”. Ante la crisis profunda que vive el país en varios ámbitos, crisis que la reciente campaña presidencial se encargó de amplificar, la elección fue la de un gobierno de emergencia, a cargo de un mandatario que preconiza el orden como método de gobernanza y hace suya una parte de una herencia autoritaria. La presente alternancia tiene entonces otras características. No solo porque la mayoría de quienes ahora gobiernan manifiestan una ideología conservadora con notas de intolerancia que es idéntica a la de un sector de sus opositores de izquierda, sino porque la polarización del espacio político —que, para ser precisos, se incrementó durante el segundo gobierno de Bachelet y la incorporación del Partido Comunista— se ha vuelto la norma, lo que quedó de manifiesto durante el “estallido” de 2019 y los procesos constitucionales fallidos. Desde antes de asumir, el actual gobierno ha sido notificado de las “movilizaciones” que prepara un sector radicalizado de la izquierda, en las que buscará azuzar a actores sociales, funcionarios, estudiantes y hasta escolares. El caos puesto en la mira; las vías alternativas de conquista del poder como método de lucha, resabios de un leninismo naufragado en la historia. Esta polarización, con visiones que no siempre se condicen con los cánones de la democracia, impacta la convivencia social y viene a cuestionar la alternancia cuando es la derecha que gobierna. Piñera lo experimentó durante varios meses en el 2019, en una crisis de extrema violencia que estuvo a punto de destituirlo y que solo apaciguó la pandemia. El único camino posible en democracia La tarea que se avecina para el gobierno es de tal complejidad que le exigirá andar con pies de plomo: cumplir con un programa de emergencia, al menos con algunas medidas simbólicas que muestren el camino, y evitar el descontrol que tratará de generarle una parte de la oposición desde tribunas no institucionales —¡la calle, los paros, los atentados en La Araucanía! — donde el hostigamiento a carabineros será probablemente una constante. Todo indica que para lo primero el gobierno se ha preparado bastante y, haciendo abstracción de las promesas hechas para ingenuos —expulsiones masivas de extranjeros, corredores humanitarios y otras tantas aberraciones— es posible que logre algunos resultados rápidos que conforten su haber. Para lo segundo se necesitará del Kast que habló durante la noche de su triunfo, el que abrió su espíritu para gobernar para todos los chilenos y no solo para su sector político. Se requerirá un gobierno dispuesto a dialogar con un congreso de frágiles mayorías, propenso a acciones demagógicas que dan escalofrió, como aquella que ya generó una alianza circunstancial de repartos, felizmente derrotada, que sobrepasaba la farándula y la burla. La presente alternancia se produce, además, dentro de un contexto internacional de extrema complejidad en el que se exige a los países de la órbita de influencia de los EEUU, comprometerse con políticas que menoscaban su soberanía y podrían resultarle suicidas. Lee también... Kast blinda frontera en Arica mientras crece la tensión política por el "gobierno de emergencia" Lunes 16 Marzo, 2026 | 08:18 Al gobierno le será difícil navegar entre cielos tormentosos con pilotos que no cuentan con una experiencia que sobrepase los negocios. En este sentido, la presencia de Kast en la reciente cumbre de Miami fue de las peores señales que pudo haber dado antes de asumir sus funciones. A lo que se agrega su invitación al cambio de mando a Bolsonaro junior, la que excluía de hecho la presencia del país más importante de América latina y aliado tradicional de Chile. La compleja alternancia que se avecina se produce en democracia, y es esto, finalmente, lo que debiéramos rescatar y valorar por sobre todas las cosas. Al gobierno corresponderá ahora gobernar con eficiencia y con una permanente actitud de diálogo y respeto. La oposición se opondrá, lo que es válido en democracia, y se preparará para un eventual relevo. Lo único prohibido será apartarse de este camino democrático que, con todas sus contradicciones y avatares, nos permite convivir en un sistema político que, aunque en peligro, debemos aprender a valorar como si fuera sagrado.