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¿Vale la pena ver el holograma de Gustavo Cerati?: Así es el show que Soda Stereo trajo a Chile

2026-03-27 - 17:41

La analogía es del periodista argentino Gustavo Grabia: si anoche un marciano hubiese aterrizado en Santiago de Chile y, por casualidad y en pleno desconocimiento, hubiese asistido a la cancha general de ‘Ecos’ (el nuevo show en vivo de Soda Stereo con un holograma de Gustavo Cerati supliendo la ausencia del músico), probablemente habría creído que lo que ahí atestiguó fue un concierto de rock. O la primera fecha de una gira de reencuentro de un trío de carne y hueso, luego de décadas distanciados. Eso, en el caso de que un marciano hubiese visto el show. Pero todo parece indicar que anoche no hubo extraterrestres entre las más de 12 mil personas que se reunieron en el Movistar Arena, escenario donde la nueva apuesta de Zeta Bosio y Charly Alberti ofrecerá tres fechas más como parte de una gira continental que por estos días causa debate en Latinoamérica. Una mezcla de expectativas, incertidumbre y futurismo que en el recinto capitalino se palpó con intensidad desde la previa, y pese a la puntualidad de ‘Ecos’. A las 21:02, el grupo semidigital irrumpió en escena para develar las primeras pistas del montaje. A pesar de que se recomendaba no usar celulares, el público hizo caso omiso a la sugerencia (casi ipso facto algunos espectadores enviaron sus registros a los canales de BioBioChile). Detrás de una larga cortina transparente, y dentro de un escenario conciso y cuadrado (con un fondo común para los tres protagonistas), Soda Stereo volvió a rugir bajo los acordes de la canción homónima del concierto, con el trío en penumbras y un Cerati digital aún oculto. El primer estruendo del público vino con el tándem ‘Juegos de seducción’ / ‘Nada Personal’, cuando la cortina traslúcida se levanta y las luces del holograma se dejan ver en su totalidad. Un shock inicial que primero se traduce en gritos y euforia (tal como en un recital 100% humano), y luego en un vaivén de saltos de una cancha transgeneracional mayoritariamente joven, con espectadores casi adolescentes que no pudieron ver a Cerati en vida. Lotus Desde lejos, el holograma funciona: el juego de luces, los fondos lumínicos y las pistas de sonido a tope confabulan para que la fantasía alcance niveles realistas, sobre todo desde sectores alejados al escenario. Un efecto y una sensación instantánea que llegan a su cumbre en el primer tramo del setlist, pero que rápidamente se diluyen a medida que comienza a avanzar el espectáculo: la novedad, deja rápidamente de serlo y el público se enfría. En ‘Hombre al agua’ y ‘Ella usó mi cabeza como un revólver’, el avatar muestra sus primeras costuras, con versiones en vivo relantizadas para dos canciones de vocación rockera y enérgica. Una distancia de leves microsegundos ensucia una mezcla de sonido desprolija, que al final del show dejará con los oídos tapados a buena parte del Arena. En las pantallas, secuencias pregrabadas se confunden con la transmisión en vivo de los gestos del avatar, que en detalle no refleja los movimientos musculares de un vocalista-ícono en acción (a ratos, parece más una persona desinteresada haciendo una mímica). En la explanada, el público deja de saltar. Lotus Pero ‘Ecos’, también es un show de montañas rusas. Tras dicho traspié, ‘Luna roja’ vuelve a engatusar al público y este otra vez entra al show. En escena, al momento de la secuencia instrumental, las pantallas muestran los supuestos zapatos del holograma, en lo que podría ser descrito como el momento más realista de la performance (sin trucos, en realidad se trata de un juego de montaje muy bien logrado). “¿Qué tal, Zeta? ¿Charly?”, dice el avatar ceratiano a sus compañeros humanos. Y de vuelta, Bossio responde: “¡Hey, Gustavo!”. El diálogo genera aplausos y gritos, pero nunca lágrimas ni algarabía. “Séptimo día”, otra de las mejor logradas del recital, reroduce en altoparlantes un saludo de Cerati a Santiago, otra novedad del paso de ‘Ecos’ por la capital. En ese momento, las pantallas laterales muestran a las primeras filas de la cancha, y en ellas un adolescente mira incrédulo al avatar. Lee también... BTS en Chile: revelan fechas, precios y coordenadas del regreso de la banda surcoreana Viernes 27 Marzo, 2026 | 11:05 “En la ciudad de la furia”, con un videoclip en blanco y negro, hace del Arena un coro y regala otra joya del show: el sólo de guitarra de Cerati, perfectamente sincronizado con los dedos de su representante digital. Para ‘Sobredosis de TV’, a pesar de la efervescencia desplegada, vuelven a quedar al descubierto los detalles del artificio, con imágenes envasadas que sacan al espectador del concierto. Tal como ocurre con la versión unplugged de ‘Un misil en mi placard’, la misma del disco para MTV, ahora reconfigurada pero descontextualizante para los efectos que quiere lograr ‘Ecos’ (la ilusión de un concierto en vivo). Para el desenlace, el trío desplegó “Planeador”, canción que muestra el lado psicodélico de Soda Stereo. Un momento de escape antes del desenlace, con ‘Final caja negra’ (que sacó a bailar a los ochenteros), ‘Primavera 0’ y ‘Prófugos’. Es el final, el primer momento en que el avatar deja de brillar (“turn off”). En ‘De música ligera’, la última sorpresa de la noche, los dos Soda de carne y hueso se ubican al centro del Arena, con las pantallas gigantes proyectando a Cerati cantando la canción en todas sus épocas. Un cierre análogo para un show futurista que sin dudas pasó la prueba en Santiago, y que se inscribe como el primer esfuerzo latino por extender los límites de la experiencia de la música en vivo a nuevas latitudes. A nuevas sensaciones. A otros hologramas.

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